Dismorfia corporal: qué es y cómo superarla

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«La barriga que veo en el espejo no quiero verla, es horrible», «solo tengo pantorrillas», «seguro que los demás en lo primero que se fijan cuando me ven es en mi nariz», «voy a ponerme la camiseta más ancha que tenga para que no se me noten los pechos». Esto es un ejemplo de cómo se siente lo que se conoce como dismorfia corporal. Solo puedes fijarte en esa parte de tu cuerpo que no te gusta y que, si fuera fácil, desearías eliminar o cambiar; no puedes parar de pensar en ello, no puedes parar de comprobar que sigue ahí cada vez que pasas por el espejo. Vamos a ver en qué consiste este fenómeno que, en su expresión más grave, conlleva la etiqueta diagnóstica de Trastorno Dismórfico Corporal.

¿Qué es la dismorfia corporal?

Las personas que viven con dismorfia corporal hablan en términos de defectos, de rechazo hacia el propio cuerpo. Pero antes de continuar, es importante recalcar que estas expresiones vienen de la vivencia de la personas que la experimenta, de sus sentimientos y sus pensamientos respecto a su cuerpo. Por ello, quiero transmitirte que, desde este espacio, apoyamos la diversidad corporal porque EXISTE, porque es REAL y porque, sea cual sea el cuerpo que habites, es VÁLIDO.

Salud en todas las tallas

Dicho esto, se podría decir que la dismorfia corporal consiste en magnificar las preocupaciones relacionadas con una o diferentes partes del cuerpo y la apariencia de las mismas. Es decir, la persona presta una atención obsesiva hacia lo que considera un defecto o defectos de su aspecto físico. Como consecuencia, no puede dejar de pensar en ello y realiza numerosos comportamientos para disimularlo o eliminarlo.

Esta «imperfección» no tiene por qué ser real en todos los casos. En muchas ocasiones puede ser un defecto inexistente, percibiéndolo solo la propia persona; aunque, por otro lado, si existe, es ínfimo y casi inapreciable por los demás. Lo que sí es cierto es que en ambas situaciones se evidencia una gran distorsión de la imagen corporal, generando mucho sufrimiento y llegando a pensar que vas a ser rechazada o que no vas a gustar por esa característica.

Síntomas

Además del malestar ya mencionado, los síntomas más fundamentales tienen como consecuencia directa una interferencia en el desarrollo típico de las actividades de la vida diaria. Principalmente:

  • Evitación de encuentros sociales y/o aislamiento para evitar que vean la «imperfección». Esto incluye:
    • Preocupación por ser observadas, rechazadas, criticadas… por otras personas.
    • Comparación con la imagen de otra persona, acrecentado por la exposición a las redes sociales.
  • Empleo de una gran cantidad de tiempo en gestionar lo relacionado con la imagen corporal y en la disminución o eliminación de la alteración percibida.
    • Preocupación excesiva por el «defecto» y pensamientos obsesivos en torno a él.
    • Comportamientos compulsivos frecuentes: mirarse al espejo constantemente, comprobar la zona, intentar arreglar lo que se percibe como «defecto», rituales de belleza, etc.
    • Intervenciones quirúrgicas; siendo muy pocos los casos donde las personas quedan satisfechas con los resultados.
  • Una salud mental deteriorada:
    • Baja autoestima.
    • Ansiedad y malestar general.
    • Bajo estado de ánimo.
    • Ideación suicida y autolesiones en los casos más graves.

Causas

El origen de la dismorfia corporal no está del todo claro, aunque se considera que la causa puede deberse a la combinación de varios factores:

  • Antecendentes familiares con este problema o los relacionados con la imagen corporal y el físico.
  • Rasgos de personalidad, concretamente, el perfeccionismo.
  • Experiencias vitales negativas relacionadas con el físico. Por ejemplo, ser víctima de bullying (burlas, insultos, etc.), maltrato o cualquier tipo de negligencia o abuso.
  • Desarrollo de un ambiente familiar donde se ha dado excesiva importancia a la imagen corporal; donde la aprobación se obtenía a través de tener un determinado aspecto físico; donde se han experimentado constantes juicios hacia el propio cuerpo o al de otros, o situaciones de humillación o de abandono, etc.
  • Cultura basada en unos cánones o ideales de belleza que niegan la diversidad corporal y se centran en favorecer y fomentar determinados tipos de cuerpos (los normativos). La enseñanza que se extrae desde la cultura es que se premia a unos cuerpos, mientras que, al resto, alejados de esos estereotipos, se les castiga o rechaza. Como consecuencia, uno de los caminos para obtener la aprobación social es el intento de parecerse a esos cuerpo ideales que están en constante exposición; aumentando la incidencia con la aparición de las redes sociales y sus filtros de «belleza».

Tratamiento

Como cualquier tipo de problemática que se presente, una buena evaluación del caso nos va a permitir:

  1. Entender mejor el origen de la dismorfia corporal: experiencias vividas, contexto en el que se ha desarrollado, influencias culturales más destacables, etc.
  2. Trabajar sobre las variables que están manteniendo el problema: las conductas para tratar de reducir o eliminar los «defectos», la imagen corporal que presenta la persona, su historia de vida, la baja autoestima, etc.

En definitiva, el tratamiento irá dirigido al trabajo con el trauma generado, a la aceptación de la imagen corporal, a la ampliación de la valía de la persona a otras características que no son físicas (trabajo con la autoestima) y la reducción de conductas dirigidas a reducir la «imperfección». En este sentido, será importante que el contexto de la persona acompañe desde la aceptación y el fomento de la validación de las cualidades que hacen que esta persona sea valiosa, reduciendo la focalización en sus características corporales.

«Tú eres más que tu cuerpo. De hecho, tu cuerpo es lo menos interesante de ti» – María Lerín.

Si al leer este blog, te has sentido identificada o crees que tienes un problema con tu imagen corporal, en el equipo de María Redondo Psicología podemos ayudarte. Puedes pedir cita con nosotras pinchando en este enlace, estaremos encantadas de acompañarte.

Bea

Bea Carranza

Psicóloga del centro