Lo primero que me surge al leer el título del blog es la siguiente pregunta: ¿cuántas personas leerán acerca de cómo tener una relación monógama? Peeeeero no estamos aquí para darle respuesta a eso, ¡estamos aquí para hablar de relaciones abiertas! ¿Qué vértigo, no? Vamos a ello.
¿Qué es una relación abierta?
Hay un montonazo de etiquetas para diferentes formas de vincularse dentro de las no monogamias éticas (NME*). Igual te suenan conceptos como poliamor, anarquía relacional, relaciones abiertas, swingers… Con un vistacillo rápido en google sabrás qué significan esos palabros, así que vamos al grano: ¿Cómo hago para tener una relación no monógama?

¿Cómo tener una relación abierta?
Lo primero que se nos suele venir a la cabeza son los celos, ¡los terroríficos celos!, pensarás. Los celos son una emoción compleja que aparece cuando sentimos que podemos perder algo o alguien importante para nosotras. Y claro, es posible que aparezcan cuando creemos que un vínculo (romántico, sexoafectivo, amistoso…) puede estar en peligro.

«Ya Inma, pero por muy normal que sea sentirse así yo lo paso fatal». Claro, los celos son una emoción que sentimos como desagradable, por eso es importante preguntarse ante qué se activa y qué puede ayudar a regularla.
La inseguridad es un combustible que aviva la llama de los celos, así que, ¿qué puede hacernos sentir seguridad?
Comunicación fluida
La comunicación es una herramienta que permite trasladar aquello que pensamos, sentimos y queremos. Es importante para que nuestros vínculos se sientan fuertes y seguros, ya que hace que aumente la confianza y disminuya la sensación de incertidumbre.
Responsabilidad afectiva
Es importante que sepamos divertirnos y que nos sintamos libres. ¡Pero toda libertad conlleva responsabilidad! ¿Te suena eso de la responsabilidad afectiva?
Conlleva conocer nuestras propias emociones y las de las personas con las que nos vinculamos, así como tener presente que nuestras acciones pueden tener un impacto en ellas.
Ser responsable afectivamente significa, por ejemplo, no evitar conversaciones incómodas, uno ocultar información importante… y, por supuesto, no violentar o maltratar a las personas con las que nos relacionamos.

Es importante cuidar el vínculo y, desde mi punto de vista (y creo que el de mucha gente) para eso es clave relacionarnos desde la honestidad. Así como saber escuchar, desde la empatía y la comprensión, a la persona que se vulnerabiliza y nos habla desde su emocionalidad.

Acuerdos
Las personas podemos tener necesidades diferentes, emociones diferentes y querer cosas diferentes… es importante que, teniendo en cuenta los puntos anteriores, elaboremos acuerdos. ¿Qué necesito? ¿Qué quiero? ¿Qué deseo? ¿Es compatible con lo que quieres tú? ¡Hora de hablar mucho muchísimo!
Tiempo de calidad
Está claro que para llevar adelante todo esto se necesita tiempo, tiempo de calidad. Necesitamos buscar (y encontrar) espacios y momentos para conectar, para estar presentes y sin distracciones.
«Pero, ¿cuánto necesitamos? ¿cómo sé si es suficiente?» Esto ya no te lo puedo decir yo. Cada persona y cada vínculo necesita tiempos y espacios diferentes. Es importante revisar qué necesidades siento satisfechas y qué emociones me despierta planificar (y no planificar) planes con esa persona.
Retomando la pregunta que me rondaba la cabeza nada más empezar: ¿algo de lo expuesto en esta entrada de blog no sería aplicable a tu/s relacione/s independientemente de la etiqueta que la/s defina? Te dejo pensando.
Sé que el mundo relacional puede resultar un poco complicado a veces… ¿se te atragantan los celos? ¿no tienes muy claro qué quieres o si estás a gusto en la forma que te vinculas? Las psicólogas de María Redondo Psicología pueden ayudarte a resolver todas estas cuestiones. Pide cita con nosotras a través del siguiente formulario, estaremos encantadas de ayudarte.